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Cuidados a las personas dependientes

portadaCada vez son más las personas que por el deterioro en su estado de salud dependen de los cuidados de alguien para cubrir sus necesidades cotidianas y/o realizar las actividades básicas diarias. En este apartado encontrarás información relacionada con los factores que te ayudarán a entender y aplicar la atención que precisa una persona dependiente y así, responder con éxito a la necesidad de mantener su bienestar con la mayor calidad y calidez.

Prevención de las Úlceras Por Presión

Las Úlceras Por Presión pueden comprometer la vida de la persona paciente y prolongar su recuperación, al mismo tiempo que suponen un gran coste en el sistema sanitario. Sin embargo, todo ello es prevenible con los cuidados adecuados y la implicación del grupo de profesionales sanitarios, las propias personas pacientes y sus familiares o cuidadores. El objetivo común es incorporar en los cuidados dispensados las medidas oportunas que permitan evitar la aparición de una úlcera. En este apartado encontrarás información útil para este fin, pero si necesitas más información o ante cualquier duda, acude a tu centro de salud.

Las Úlceras Por Presión (UPP) constituyen la complicación más prevenible y tratable que puede presentar cualquier paciente encamado. Son heridas localizadas en la piel, principalmente sobre una prominencia ósea, que aparecen como resultado de la presión mantenida sobre la zona en la que aparecen. En ocasiones, también pueden aparecer sobre tejidos blandos sometidos a presión externa por diferentes materiales o dispositivos sanitarios. Pueden afectar a la piel en diferente grado de profundidad, desde muy superficiales a heridas muy profundas que dejan a la vista los músculos, tendones o huesos. Son heridas que pueden agravar el estado de salud de la persona que las padece, facilitando que se produzca una infección local o sistémica u otras complicaciones. Generalmente suponen un aumento de la dependencia de la persona hacia sus cuidadores o cuidadoras.

Las UPP son consecuencia directa del efecto de la presión mantenida en el tiempo sobre zonas concretas del cuerpo, normalmente en aquellas en las que los huesos sobresalen. Esta fuerza de presión actúa perpendicularmente a la piel provocando un aplastamiento de la misma entre dos planos duros, uno perteneciente a la persona (prominencia ósea) y otro externo a él (cama, silla o sillones, dispositivos terapéuticos, etc.). Puede ocurrir que junto a la fuerza de presión, actúe otra fuerza denominada cizalla: cuando la persona se desplaza sobre un plano duro (como una cama) las capas más externas de la piel se mantienen paralelos y adheridos a las sábanas mientras que los tejidos profundos se deslizan hacia abajo. Este efecto de fuerzas de presión y/o cizalla se ve favorecido por otros factores, como pueden ser: problemas de movilidad, encamamiento prolongado, nutrición pobre, piel seca, problemas de circulación sanguínea, incontinencia urinaria o fecal, etc.

Las zonas de mayor riesgo son:

  • En las personas adultas: talones, sacro (zona baja de la espalda), codos, omoplatos, cabeza, cara interna y externa de los tobillos, caderas, costillas, orejas, dedos de los pies, rodillas, genitales, mamas y mejillas.
  • En menores de tres años: la región posterior de la cabeza y las orejas son las zonas de mayor riesgo de lesiones por presión.
  • En mayores de tres años: la zona baja de la espalda y los talones se convierten en las principales zonas de riesgo.

En general, también debemos tener en cuenta las zonas donde apoyan los dispositivos sanitarios (como sondas, mascarillas, escayolas… ): nariz, orejas, boca, extremidades, etc.

Tienen más riesgo las personas que presentan problemas de movilidad, encamamiento prolongado, nutrición pobre, piel seca, problemas de circulación sanguínea, incontinencia urinaria o fecal, dispositivos sanitarios, hábitos higiénicos inadecuados, obesidad, etc.

Es importante seguir estas recomendaciones:

  • En personas encamadas o con escasa movilidad realizar cambios de postura con frecuencia (cada 2-3 horas) para aliviar o disminuir la presión, evitando el arrastre. Durante la noche, cada 4 horas respetando el sueño. Se pueden utilizar colchones/cojines especiales para el manejo de la presión, pero el uso de estos dispositivos no sustituye a la movilización y los cambios posturales. No utilizar flotadores o cojines tipo anillo.
  • Consumir una dieta variada, que incluya alimentos ricos en proteínas (carnes, pescados, huevos, lácteos) y vitaminas (frutas, verduras). Salvo indicación de un profesional sanitario en contra, consumir 2 litros de líquidos al día (agua, zumos, infusiones…).
  • Lavar la piel con agua tibia y jabón neutro, secando cuidadosamente sin frotar y use crema hidratante tras el aseo (no dar entre los dedos ni en los pliegues de la piel). Usar ropa de cama de algodón o hilo. Las sábanas deben estar siempre secas, limpias y sin arrugas.
  • Observar el estado de la piel a diario, coincidiendo con el aseo, cambios de postura y movilizaciones, buscando signos de alarma en las zonas de apoyo.
  • Mantener la piel limpia y seca, especialmente en los pliegues. No aplicar sobre la piel alcohol, colonia o talco. No frotar ni dar masaje sobre las zonas de apoyo. Aplicar sobre la piel de las zonas de apoyo únicamente los productos indicados por un profesional de la salud.
  • En caso de utilizar pañal cambiarlo cuando esté mojado, manteniendo la piel limpia y sin humedad.
Fecha de última modificación: 24/05/2017

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