Esquizofrenia

Sobre la esquizofrenia

La Esquizofrenia es una enfermedad mental, es decir, una enfermedad que afecta fundamentalmente al pensamiento, a la conducta o forma de comportarse, a las emociones, a la manera en cómo se perciben las cosas. Otras enfermedades mentales son, por ejemplo, la depresión, el trastorno bipolar o los trastornos de ansiedad. De forma general, la esquizofrenia se considera, entre las enfermedades mentales, una psicosis. La palabra psicosis suele tener connotaciones negativas, pero solo significa que las personas que la padecen pueden tener dificultades para distinguir entre la realidad y los pensamientos, ideas y percepciones que la enfermedad provoca.

La esquizofrenia es una enfermedad mental grave y crónica, es decir, puede dar lugar a problemas importantes y duraderos a las personas que la padecen, aunque la manera en cómo afecta a cada persona puede ser muy variable.

Es una enfermedad relativamente frecuente; afecta a entre un 0,7 y un 1% de las personas adultas a lo largo de su vida. Esto supone que en Euskadi entre 15.000 y 20.000 personas recibirán este diagnóstico a lo largo de su vida. Aunque con algunas variaciones, la esquizofrenia es una enfermedad que se presenta con similar frecuencia en todos los países y culturas del mundo. Afecta tanto a hombres como a mujeres. Es una enfermedad que se inicia en la juventud, y es habitual que aparezca entre la adolescencia y los 35-40 años.

Imagen mujer con esquizofrenia

Las causas de la esquizofrenia son desconocidas. Se ha comprobado que en algunos casos hay factores genéticos que contribuyen a su aparición.

Las causas de la esquizofrenia son desconocidas. Se ha comprobado que en algunos casos hay factores genéticos que contribuyen a su aparición. Esto no significa que la esquizofrenia se herede, pero sí que el riesgo de padecerla puede ser mayor en los familiares de primer grado de la personas que la padecen (hijos, hermanos), aunque muchas personas con esta enfermedad no tienen familiares afectados, y muchas personas con familiares afectados no padecen la enfermedad.

También se han identificado factores como los problemas en el embarazo y en el parto, los traumas y el abuso en la infancia o la exposición a algunas drogas. En todo caso, como en otras muchas enfermedades, una combinación variable e individual entre la predisposición genética y los factores ambientales da lugar a la enfermedad. Diferentes causas y combinaciones de las mismas pueden afectar a diferentes personas, lo que puede explicar la gran variación en cómo se presenta y desarrolla la enfermedad en cada persona.

Todos estos factores, genéticos y ambientales, pueden provocar alteraciones en el desarrollo cerebral y en las sustancias químicas (neurotransmisores) que establecen la comunicación entre las neuronas y las áreas cerebrales. Aunque existen diversas pruebas de la posible participación de alguno de estos neurotransmisores (como la dopamina) en los síntomas de la enfermedad, la manera en como todos estos factores interactúan para desencadenar la enfermedad e influir en su curso es desconocida, y posiblemente muy compleja.

¿Cuáles son sus síntomas?

Los síntomas de la esquizofrenia pueden ser muy variables entre persona y persona, así como a lo largo de la evolución de la enfermedad en una persona concreta. Además, la enfermedad puede iniciarse de forma más o menos brusca, sin previo aviso (a veces tras un desencadenante de estrés, consumo de drogas, etc.), o quizás con mayor frecuencia hacerlo de manera lenta, a lo largo de meses e incluso años hasta que los síntomas son evidentes. Habitualmente los síntomas de la esquizofrenia suelen clasificarse en "positivos" y "negativos", palabras que pueden inducir a cierto error y confusión.

En general se consideran síntomas positivos a los síntomas psicóticos, es decir, a aquellos que interfieren con la valoración de la realidad de la persona afectada, y que se relacionan también con las conductas más aparatosas y alarmantes. Estos síntomas aparecen de forma muy variable entre las distintas personas afectadas y a lo largo del curso de la enfermedad; pueden ser muy prominentes en los momentos de crisis y recaídas, y permanecer prácticamente ausentes en los periodos de estabilidad.

Son síntomas positivos o psicóticos:

Imagen mujer con síntomas de esquizofrenia

  • Las alucinaciones: las personas perciben sensaciones (sonidos, olores, imágenes) que no existen. En el caso de la esquizofrenia las alucinaciones más frecuentes son las auditivas, es decir, percibir sonidos inexistentes, en general en forma de voces que emiten palabras y frases y que pueden hablarle directamente, emitir órdenes o hacer comentarios sobre la persona afectada. En ocasiones estas voces se perciben más como pensamientos ajenos dentro de la propia mente que como propiamente sonidos.
  • Las ideas delirantes: son ideas y creencias que no corresponden con la realidad y que otras personas no comparten. En muchas ocasiones estas ideas son de tipo paranoide, es decir, las personas creen estar siendo vigiladas, perseguidas, amenazadas o perjudicadas por otras personas, grupos de personas, organizaciones, etc. Algunas personas pueden presentar ideas delirantes extrañas, irracionales.
  • El pensamiento desorganizado: en algunos momentos, especialmente en el momento de las recaídas, los procesos de razonamiento y de conexión de las ideas que componen el pensamiento pueden verse afectados y dar lugar a dificultades para pensar de forma lógica y expresar las ideas con claridad. Esto puede dificultar la compresión por parte de otras personas, que pueden percibir la conversación de la persona afectada como confusa, extraña y poco clara. Para las personas afectadas puede resultar difícil concentrase, mantener la atención y organizar sus ideas, algo que afecta de forma importante a sus relaciones sociales, su rendimiento laboral o académico.

Las ideas delirantes y las alucinaciones pueden provocar gran angustia y temor, y dar lugar a comportamientos alarmantes que buscan huir y/o defenderse de potenciales agresores. No son errores, confusiones o imaginaciones que puedan combatirse, al menos en los momentos de crisis, mediante el razonamiento; para las personas que las padecen son tan reales como la propia realidad. En ocasiones las personas afectadas, en plena crisis, pueden volverse incontrolables, llegar a la agitación, y suponer un riesgo para sí mismas u otras personas.

Las alucinaciones más frecuentes son las auditivas, es decir, percibir sonidos inexistentes, en general en forma de voces

Los síntomas negativos afectan a las emociones, los intereses, la motivación, la interacción y relaciones sociales. Su presencia es muy variable entre las personas afectadas y pueden ser más evidentes en los periodos de estabilidad y en las fases más avanzadas de la enfermedad. Aunque son síntomas que producen mucha menor alarma al entorno que los síntomas positivos, en realidad son los que dan lugar a mayores problemas para afrontar la vida cotidiana, las relaciones sociales y las que más afectan al rendimiento en el trabajo o estudios, así como a la calidad de vida de las personas. Son, en realidad, los síntomas que más se asocian a la discapacidad que con frecuencia acompaña a esta enfermedad.

Son ejemplos de síntomas negativos:

  • El aplanamiento afectivo: la expresión emocional (alegría, tristeza) se reduce. Las personas parecen no reaccionar, o no hacerlo de forma suficiente, a las situaciones en las que estas reacciones serían normales, incluyendo sus gestos o su tono de voz. Puede dar la sensación de que la persona afectada no siente o siente menos las cosas.
  • La anhedonia o la dificultad para experimentar sensaciones placenteras: las personas afectadas pueden ver reducida su capacidad para disfrutar de las cosas cotidianas, desde una conversación, a una lectura, una película, un paseo…
  • Apatía, disminución de la iniciativa: puede reducirse el interés y la motivación por hacer cosas, iniciar y mantener actividades.

Como consecuencia de estos síntomas las personas afectadas pueden reducir de forma muy importante sus relaciones sociales, que pueden quedar limitadas al entorno familiar, y llegar a situaciones de aislamiento muy penosas. También pueden verse afectados el sueño, la alimentación, la higiene personal y la vestimenta.

Cada persona afectada puede presentar una combinación de todos estos síntomas extremadamente variable; hay personas que presentan fundamentalmente síntomas positivos, más o menos persistentes y duraderos, mientras que otras manifiestan su enfermedad de manera menos evidente con un deterioro en su capacidad para afrontar la vida cotidiana, las relaciones sociales, los estudios o el trabajo. La mayoría sin embargo presentará una combinación de ambos tipos de síntomas, cuya importancia y presencia puede variar de forma importante a lo largo de la vida y curso de la enfermedad.

Otros problemas asociados a la enfermedad

Existen problemas adicionales que con frecuencia se presentan a lo largo de la enfermedad:

  • La conciencia de enfermedad: a menudo las personas con esquizofrenia no son conscientes de su enfermedad, o al menos de la gravedad y consecuencias de la misma. En casos extremos la niegan totalmente, y como consecuencia a menudo rechazan el tratamiento. Por otro lado, la falta de cumplimiento con el tratamiento es el principal riesgo de nuevas recaídas, lo que a su vez agrava la enfermedad. La conciencia de enfermedad permite a las personas asumir sus limitaciones, aprender a controlar sus síntomas, evitar riesgos y adquirir control sobre su enfermedad.
  • La conducta violenta: a pesar de que las personas que padecen esquizofrenia no son, en su conjunto, más violentas que la población general, la realidad es que en determinados momentos, en especial en las recaídas y crisis, el comportamiento puede verse muy seriamente afectado y las personas pueden suponer un riesgo para sí mismas y su entorno. Especialmente la creencia de estar siendo perseguido, amenazado o perjudicado por otras personas o grupos puede dar lugar a conductas de huida, o a veces defensivas que pueden manifestarse de manera violenta. Las personas que no siguen tratamiento y/o consumen drogas adictivas tienden a manifestar mayores conductas violentas.
  • Los hábitos de vida: con cierta frecuencia la esquizofrenia se asocia con hábitos de vida poco saludables, especialmente el consumo elevado de tabaco, la alimentación desorganizada, la inactividad y falta de ejercicio físico, la exposición a situaciones de riesgo o el consumo de drogas adictivas. Cuando estos hábitos se consolidan se relacionan con mayor riesgo de diversas enfermedades, incluyendo diabetes y enfermedades cardiovasculares que pueden reducir la calidad y la esperanza de vida de las personas afectadas.
  • El suicidio: las conductas autoagresivas y el suicidio son mucho más frecuentes en las personas que padecen esquizofrenia que en la población general. En ocasiones la conducta suicida puede estar motivada por los síntomas psicóticos, la angustia y el temor que provocan; en otras, la depresión, la falta de perspectiva vital y la desesperanza pueden ser los factores más determinantes.
  • El riesgo de exclusión: el aislamiento social, el estigma, la falta de empleo y de medios económicos, especialmente en ausencia de apoyo familiar o pérdida del mismo, puede conducir a las personas afectadas a situaciones de exclusión social, precariedad de alojamiento, marginalidad y deterioro progresivo en sus condiciones de vida. Las personas con esquizofrenia en situación de exclusión son especialmente vulnerables y víctimas de abusos y violencia.
  • El estigma: la esquizofrenia es la enfermedad mental que soporta mayor estigma, es decir, la que más prejuicios y connotaciones negativas suscita entre las personas. La base más importante del estigma y el prejuicio es el desconocimiento y las creencias estereotipadas que se mantienen y transmiten, y que son la base de la discriminación. La extendida asociación entre violencia y esquizofrenia es un potente motor de estigma, así como la expectativa pesimista en las posibilidades de mejoría y en el propio valor social como personas de las personas afectadas. Las actitudes negativas y las bajas expectativas se combinan y se erigen en importantes barreras para la inclusión social plena de las personas afectadas.

¿Cómo se diagnostica?

A diferencia de otras enfermedades, no existen análisis, radiografías u otro tipo de pruebas que permitan diagnosticar a una persona de esquizofrenia. Así que la única manera de realizar un diagnóstico es a través del análisis por parte de un/a profesional de las conductas, síntomas y evolución que presentan las personas afectadas, a través de la entrevista clínica y la información que aporta la persona y su familia y entorno. La presencia de un episodio de síntomas psicóticos en una persona joven despierta la alarma, pero no todos los episodios psicóticos terminarán siendo una esquizofrenia: situaciones de estrés o el consumo de ciertas drogas pueden dar lugar a episodios aparatosos, conductas muy alteradas, ideas delirantes y alucinaciones, que después ceden, se curan sin dejar secuelas y sin repetirse en un futuro. En otros casos, sin embargo, los síntomas persisten, o aunque remitan, se producen recaídas. O de forma aún más importante, aparecen problemas persistentes en los estudios, el trabajo, las relaciones sociales, que empiezan a interferir de forma significativa con la vida de la persona. En estos casos la sospecha de un diagnóstico de esquizofrenia debe empezar a considerarse.

La única manera de realizar un diagnóstico es a través del análisis por parte de un/a profesional de las conductas, síntomas y evolución que presentan las personas afectadas

Ante un primer episodio psicótico han de descartarse posibles causas que podrían tratarse o evitarse, especialmente el consumo de drogas (cannabis, estimulantes), o la presencia de enfermedades neurológicas o de otro tipo, que pudieran dar lugar a estos síntomas. En general una exploración y entrevista médica, una analítica, y en algunos casos en los que resulte indicado, un TAC cerebral (un tipo especial de radiografía), suelen ser suficientes para descartar otras posibles enfermedades.

En resumen, la esquizofrenia se diagnostica por la presencia de síntomas psicóticos (ideas delirantes y alucinaciones) y un deterioro del funcionamiento habitual (aislamiento, abandono de estudios y trabajo, etc.), que persiste en el tiempo y/o sufre recaídas. Requiere una evaluación cuidadosa y a veces es necesario que pase tiempo para ver la evolución antes de realizar un diagnóstico definitivo.

¿Cómo evoluciona la esquizofrenia?

El diagnóstico de esquizofrenia tradicionalmente se asocia a cronicidad e incurabilidad. Sin embargo, estudios repetidos y que han seguido a personas afectadas durante décadas demuestran que la evolución es muy variable y que un alto porcentaje alcanza la recuperación, se mantiene estable y con buena calidad de vida. Algunas personas evolucionarán de manera muy positiva tras sufrir uno o varios episodios o crisis, sin nuevas recaídas y una vida totalmente normal y sin limitaciones.

Sin embargo, un porcentaje elevado de las personas sufrirá un cierto grado de afectación a lo largo de su vida: nuevas recaídas, síntomas persistentes, dificultades de relación, de actividad laboral, de afrontamiento de las actividades de la vida cotidiana con necesidades variables de apoyo. En todo caso esta situación no es incompatible con la recuperación; al igual que en muchas otras enfermedades crónicas, en ausencia de curación, es posible convivir con la enfermedad y a la vez llevar una vida satisfactoria. El tratamiento profesional, el apoyo del entorno familiar y social, la actitud esperanzada, la integración laboral, la implicación en actividades, en un entorno social integrador y que ofrezca los necesarios apoyos y oportunidades son esenciales para la recuperación.

Imagen mujer con esquizofrenia
Estudios repetidos demuestran que un alto porcentaje alcanza la recuperación, se mantiene estable y con buena calidad de vida

¿Puede prevenirse la esquizofrenia?

No disponemos de los conocimientos necesarios para prevenir la aparición de la enfermedad, ni siquiera para saber con alguna seguridad qué personas están más predispuestas y poder intervenir antes de que la enfermedad aparezca. No existen análisis genéticos, radiografías o analíticas de sangre que permitan identificar a las personas más vulnerables, ni por otro lado disponemos de tratamientos e intervenciones que, en su caso, evitaran el desarrollo de la enfermedad.

Sin embargo sí existen intervenciones que si bien no previenen la enfermedad en sí misma, si pueden mejorar de forma muy significativa su evolución. Diagnosticar y tratar lo antes posible las primeras manifestaciones de la enfermedad es crucial para su mejor evolución.

Existen intervenciones que si bien no previenen la enfermedad en sí misma, si pueden mejorar de forma muy significativa su evolución

En algunos casos es enfermedad se inicia de forma brusca y aparatosa, lo que suele conllevar un ingreso hospitalario y un tratamiento inmediato. En otros, no es tan nítido y claro. No se produce un cambio tan brusco y evidente entre la normalidad y la enfermedad y la aparición de los síntomas más evidentes viene precedida por semanas, meses y a veces años de cambios en el comportamiento. Con disminución del rendimiento en los estudios, aislamiento y pérdida de relaciones con los amigos, irritabilidad, cambios en el ritmo de sueño, falta de interés y abandono de actividades previamente placenteras (deporte, aficiones, etc.).

Algunos de estos comportamientos pueden presentarse de forma más o menos transitoria como parte normal de la adolescencia, por lo que pueden fácilmente pasar desapercibidos o atribuidos a otras causas. Cuando se presentan de forma persistente e intensa (abandono de la relación con los amigos, abandono de los estudios y actividades, aislamiento, etc.) deben ser evaluados por un profesional y tener en mente la posibilidad de un trastorno psicótico. Uno de los factores que más afectan a la evolución posterior de la enfermedad, es el tiempo desde que ésta se inicia hasta que se empieza el tratamiento: cuanto más tiempo sin tratamiento, peor evolución.

Aunque las drogas en sí mismas no causan esquizofrenia, si contribuyen de manera muy importante a desencadenarla en personas predispuestas. Especialmente el cannabis y los estimulantes (anfetaminas y derivados, cocaína, etc.) se relacionan de forma muy directa con la aparición de síntomas psicóticos en personas vulnerables y su consumo empeora de forma notable la evolución de la enfermedad.

¿Cuál es su tratamiento?

Las personas con esquizofrenia difieren mucho en la forma en que la enfermedad se manifiesta y evoluciona, así como en sus características personales, familiares y sociales. El tratamiento de la esquizofrenia debe contemplar, de forma integral, todos los aspectos significativos en los que la enfermedad impacta en la vida de la persona en particular. Las oportunidades para la recuperación no solo dependen de controlar los síntomas, sino de dar oportunidad a las personas para mantener y/o retomar su vida en todos los aspectos: social, familiar, laboral, actividades de ocio, etc. Cada persona puede precisar apoyos distintos para lograr estos objetivos.

La medicación

Los medicamentos son fundamentales para tratar los síntomas de la enfermedad y para prevenir las recaídas: son los llamados fármacos antipsicóticos. Son medicamentos que actúan sobre sustancias cerebrales denominadas neurotransmisores y que son eficaces para controlar los síntomas psicóticos, como las ideas delirantes y las alucinaciones. Aunque los antipsicóticos desarrollados en los últimos años han mejorado mucho, siguen provocando algunos efectos secundarios, como la somnolencia o el aumento de peso. La respuesta a un medicamento concreto puede ser muy variable de persona a persona, y a veces hay que realizar pruebas y cambios en el tipo de medicamento y su dosis hasta encontrar el más adecuado, el que resulte más eficaz y mejor tolerado. Este proceso, en el que es necesaria la colaboración entre el paciente y su médico, es fundamental ya que la mayoría de las personas van a necesitar tomar medicación durante largos periodos de tiempo, o en muchas ocasiones de manera indefinida.

Imagen medicación

Recuperar la autonomía y las capacidades para la vida independiente es un objetivo prioritario en el camino a la recuperación

Existen medicamentos que se administran mediante inyección cada varias semanas, e incluso meses; para algunas personas esta forma de recibir la medicación puede suponer una mayor comodidad al no depender de tomar pastillas una o varias veces al día.

Es muy importante que conocer bien la medicación, ser capaz de identificar posibles efectos secundarios y de trabajar en colaboración con los profesionales que te atienden para encontrar el tratamiento que en cada momento produzca los máximos beneficios, es decir, mantenga los síntomas bajo control, evite las recaídas y produzca los menores efectos secundarios posibles.

Tratamientos e intervenciones psicosociales

Están dirigidos a ayudar a las personas afectadas a afrontar la enfermedad y el impacto que esta puede suponer en sus vidas. Incluyen intervenciones de psicoeducación, que ayudan a las personas afectadas y a sus familiares y allegados a comprender y manejar los síntomas de la enfermedad, detectar signos de recaída o detectar y comunicar posibles efectos secundarios del tratamiento. El apoyo de los profesionales para desarrollar de forma conjunta estrategias de afrontamiento a través de una relación continuada y de confianza con los profesionales que te atienden es esencial para mantener la estabilidad y evitar las recaídas, imprescindible para poder retomar tu vida y objetivos personales.

Como resultado de los síntomas negativos de la enfermedad, especialmente de la apatía, la falta de iniciativa, el aislamiento, la desesperanza, las dificultades para concentrarse, algunas personas pierden o ven deteriorados sus hábitos y capacidades para afrontar las actividades de la vida cotidiana, habilidades domésticas, gestiones, así como el cuidado personal, especialmente en ausencia de apoyos. Recuperar la autonomía y las capacidades para la vida independiente es un objetivo prioritario en el camino a la recuperación.

El inicio de la enfermedad en la edad joven de la vida a menudo da lugar a dificultades en los estudios y en la búsqueda de trabajo; el apoyo para continuar, o si es el caso, reorientar la formación, la búsqueda y el mantenimiento de un empleo y la ocupación es muy importante.

El apoyo emocional y mantener las conexiones sociales (familia, amigos) es imprescindible para mantener la conexión social y una actitud positiva y esperanzada. Las familias y personas de apoyo pueden beneficiarse de programas específicos que les ayuden a afrontar la enfermedad de su allegado, mejoren su capacidad para prestar soporte y les ayuden a sobrellevar la carga emocional que en ocasiones la enfermedad supone en el medio familiar.

Salud Física

Las personas que padecen esquizofrenia tienen, de forma general, más problemas de salud que afectan a su calidad y esperanza de vida. Algunos de estos problemas están causados por malos hábitos. Algunas medicaciones pueden dar lugar a efectos secundarios que favorecen la obesidad. El incremento de peso, la diabetes, la hipertensión, el tabaquismo, la falta de ejercicio físico son factores que aumentan de forma muy importante el riesgo para padecer enfermedades cardiovasculares, es decir, que afecten al corazón y a las arterias. Un riesgo que se puede controlar cuidando la alimentación, evitando el tabaco, manteniendo un peso saludable y haciendo ejercicio de manera regular. Es importante mantener el contacto con los profesionales, médico y enfermera de atención primaria, para un adecuado control.

La recuperación

Recuperación no es lo mismo que la curación. Es un camino y un objetivo que supone adquirir las capacidades para llevar una vida satisfactoria, con objetivos personales, conexión con el entorno y valor para uno mismo y para los demás a pesar de padecer una enfermedad crónica. El tratamiento profesional es sólo una parte para ayudar a recorrer ese camino; una actitud personal esperanzada, confianza en las posibilidades de mejora, el apoyo de familiares, amigos y allegados, recursos que favorezcan la integración laboral y la vida independiente o la actitud social libre de estigma son esenciales. La recuperación no es, en todo caso, un camino recto y llano para la mayoría de las personas; muy a menudo tendrá sus altos y bajos, avances y retrocesos, en los que cobran gran importancia la propia actitud de la persona y la de sus apoyos.

Algunas recomendaciones para afrontar mejor la enfermedad

  • Toma la medicación: tal y como se te indique. Debes discutir con tu médico tus preferencias, los efectos secundarios y la eficacia de la medicación para alcanzar un tratamiento con el que te sientas cómodo, sea efectivo a la menor dosis posible y no interfiera con tu vida personal. Pero no abandones o modifiques la medicación sin consultar con los profesionales que te atienden. La principal causa de recaída es el abandono de la medicación.
  • No consumas drogas: las personas que consumen drogas, incluido el alcohol y el cannabis, tienen una evolución mucho peor que las que no consumen. El consumo de drogas favorece las recaídas, aumenta los síntomas, e interfiere de manera muy importante con el proceso de recuperación.
  • Aprende de tu enfermedad: Identifica señales de riesgo, conoce los síntomas y aprende a manejarlos. Aprende a detectar signos de recaída. Ponte en contacto con los profesionales que te atienden si se presentan.
  • Apóyate en tu entorno: familia, amigos, allegados. Relaciónate con personas que te aporten cosas positivas. No te aísles.
  • Mantente activo: Estudia, trabaja, mantente ocupado.
  • Cuida tu salud física: cuida tu alimentación, no fumes o restringe en lo posible el tabaco, haz ejercicio de forma regular. Mantente en contacto con tu médico y enfermera de atención primaria.
  • Mantén la esperanza. La esperanza es el estado de ánimo de optimismo precursor para el cumplimiento favorable de nuestras expectativas. Algunas acciones que te ayudan a tener esperanza es tener sueños y deseos, buscar lo que te ilusiona, darte oportunidades para generar recuerdos positivos, plantear alternativas a los pensamientos derrotistas, poner en valor todo lo que vas superando diariamente, rodearte de personas que trasmiten optimismo, etc.
Imagen mujer recibiendo ayuda
La esperanza es el estado de ánimo de optimismo precursor para el cumplimiento favorable de nuestras expectativas

Preguntas frecuentes

¿Se cura la esquizofrenia?

La esquizofrenia es una enfermedad crónica y no existe un tratamiento totalmente eficaz que permita curarla. Como cualquier otra enfermedad, no todas las personas tienen el mismo grado de afectación: algunas personas estarán prácticamente libres de síntomas y podrán realizar una vida enteramente normal, mientras que otras sufrirán síntomas persistentes y recaídas frecuentes que darán lugar a importantes limitaciones y necesidades de apoyo. La mayoría tendrá una evolución intermedia, que requerirá de tratamiento constante y apoyos variables a lo largo de la evolución de la enfermedad. Con un buen seguimiento del tratamiento y los apoyos necesarios, la mayoría de las personas tienden a alcanzar situaciones de estabilidad y una buena calidad de vida.

¿Es imprescindible la medicación?

Si, en general, y en la inmensa mayoría de los casos, la medicación es imprescindible. Algunas personas que se recuperan de forma completa tras un primer episodio psicótico podrán suspender la medicación tras un tiempo de tratamiento, siempre bajo control de los profesionales. La mayoría de las personas afectadas, si han tenido recaídas posteriores y/o mantienen síntomas persistentes requieren medicación de forma indefinida. Así que es muy importante encontrar, en colaboración con tu psiquiatra, la medicación que mejor se adapte a tus necesidades, por eficacia y tolerancia, así como ajustar el tratamiento a la dosis menor posible.

¿Son violentas las personas con esquizofrenia?

La asociación entre conducta violenta y enfermedad mental, especialmente esquizofrenia, está muy arraigada entre la población, y es uno de los prejuicios más importantes que alimentan el estigma. La mayoría de las personas que padecen esquizofrenia no manifiestan conductas violentas ni suponen amenaza alguna para otras personas. Al contrario; las personas que padecen esquizofrenia son más vulnerables y tienen más riesgo de sufrir abuso y violencia, en especial cuando se encuentran en situaciones de exclusión y falta de protección.

Sin embargo sí es cierto que las personas con esquizofrenia, en determinadas circunstancias, pueden tener comportamientos agresivos, especialmente en el contexto de recaídas con presencia de ideas delirantes y alucinaciones, momentos en los que pueden carecer de un control racional sobre su comportamiento y reaccionar al sentirse amenazadas. El consumo de drogas puede aumentar el riesgo de comportarse de forma violenta. Las personas que no siguen tratamiento tienen un mayor riesgo de protagonizar conductas agresivas.

¿Alguien tiene la culpa?

A lo largo de los años algunas teorías más o menos populares han atribuido esta enfermedad a la influencia de la educación y la crianza por parte de las madres o a la influencia de las propias familias. Estas teorías sólo han servido para culpabilizarlas y dificultar aún más la comprensión de la enfermedad por su parte y la de las propias personas afectadas, así como aumentar el estigma. La realidad es que la inmensa mayoría de expertos e investigadores están de acuerdo en que la esquizofrenia es una enfermedad del cerebro, cuya predisposición es biológica, al menos en una parte genética. Como en casi todas las enfermedades, la predisposición biológica interacciona con el ambiente: el estrés, las situaciones de trauma en la infancia, el consumo de drogas, u otros factores psicosociales y ambientales contribuyen a desencadenar la enfermedad y modulan su evolución.

¿Puedo tener hijos?

Tener una pareja y formar una familia son aspiraciones muy importantes para la mayoría de las personas. Padecer una esquizofrenia no debe ser un obstáculo para esta aspiración, pero al igual que cualquier otra persona es necesario ejercerla con responsabilidad. Cuidar de un bebé, criar a un hijo, requiere de apoyos y medios mínimos, y muy especialmente, de capacidad para cuidar de forma adecuada de uno mismo.

Aunque la esquizofrenia es una enfermedad que tiene un cierto riesgo genético, eso no significa que se herede de forma directa; muchas personas con familiares de primer grado con dicha enfermedad no la padecen.

Las mujeres que padecen esquizofrenia y que desean quedar embarazadas deben planificar su embarazo para permitir a los profesionales que le atienden organizar de forma adecuada su atención durante la gestación, el parto, el postparto y la lactancia. La mayoría de las medicaciones antipsicóticas son razonablemente seguras durante el embarazo, pero puede ser necesario prever cambios y ajustes.

Enlaces de interés

Asociaciones

Páginas de las asociaciones de familiares y personas con enfermedad mental en la CAPV. Contienen información diversa y fomentan el asociacionismo y el apoyo mutuo.

Otros enlaces

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